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El amor de pareja. Una visión nihilista

Recientemente una persona que es muy especial para mí, me pidió que hablara sobre el amor, pero no se refería al amor universal, al amor espiritual del que no pocas veces ya he hablado aquí, sino del amor de pareja. Si ella supiera lo que realmente pienso del amor (de pareja) seguro no me habría pedido nada ni de lejos semejante.

 

No es que muera de amor, muero de ti. 

Muero de ti, amor, de amor de ti, 

de urgencia mía de mi piel de ti, 

de mi alma, de ti y de mi boca 

y del insoportable que yo soy sin ti. 

 

Muero de ti y de mi, muero de ambos, 

de nosotros, de ese, 

desgarrado, partido, 

me muero, te muero, lo morimos. 

 

Morimos en mi cuarto en que estoy solo, 

en mi cama en que faltas, 

en la calle donde mi brazo va vacío, 

en el cine y los parques, los tranvías, 

los lugares donde mi hombro 

acostumbra tu cabeza 

y mi mano tu mano 

y todo yo te sé como yo mismo. 

 

Morimos en el sitio que le he prestado al aire 

para que estés fuera de mí, 

y en el lugar en que el aire se acaba 

cuando te echo mi piel encima 

y nos conocemos en nosotros, 

separados del mundo, dichosa, penetrada, 

y cierto , interminable. 

 

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos 

entre los dos, ahora, separados, 

del uno al otro, diariamente, 

cayéndonos en múltiples estatuas, 

en gestos que no vemos, 

en nuestras manos que nos necesitan. 

 

Nos morimos, amor, muero en tu vientre 

que no muerdo ni beso, 

en tus muslos dulcísimos y vivos, 

en tu carne sin fin, muero de máscaras, 

de triángulos oscuros e incesantes. 

Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo, 

de nuestra muerte ,amor, muero, morimos. 

En el pozo de amor a todas horas, 

inconsolable, a gritos, 

dentro de mi, quiero decir, te llamo, 

te llaman los que nacen, los que vienen 

de atrás, de ti, los que a ti llegan. 

Nos morimos, amor, y nada hacemos 

sino morirnos más, hora tras hora, 

y escribirnos y hablarnos y morirnos. 

 

-Jaime Sabines

 

Hay mucho qué decir del amor, ya se ha escrito mucho del amor, toneladas y toneladas de poemas sobre el amor, pero yo no hablaré sobre el amor, de ese que nos hace sufrir, llorar, nos duele o nos quiebra, pero también nos llena de vida, de amor, porque el amor nos llena de amor y nos vacía de todo lo demás, “te amo” -dicen algunos, algunas y se sienten afortunados sin saber que ya están heridos de muerte, sangran sin saberlo, se les va la vida y sólo se dan cuenta cuando están muertos.

 

Nosotros, los de a pie, los que creemos amar, los que creemos ser amados y nos sentimos a prueba de balas, no sabemos que las balas ya están dentro.

 

Ese es el amor, el jodido amor, te amo, jodidamente te amo, decía alguna vez Jaime Sabines. El amor duele, el amor goza, nos goza, el amor nos vive y nos mata, el amor es dios, nos da la vida, nos da la muerte y nos resucita al día siguiente, así se las gasta, así es el amor, te engaño porque te amo, te soy fiel porque te amo, te dejo porque te amo, te aprisiono porque te amo, te amo porque te amo.

 

¡Ay qué trabajo me cuesta 

quererte como te quiero! 

 

Por tu amor me duele el aire, 

el corazón 

y el sombrero. 

 

¿Quién me compraría a mí 

este cintillo que tengo 

y esta tristeza de hilo 

blanco, para hacer pañuelos? 

 

¡Ay qué trabajo me cuesta 

quererte como te quiero! 

 

-Federico García Lorca

 

Amar no es estar enamorado y estar enamorado no es amar pero hay incautos que aman y se enamoran a la vez, dios los agarre confesados. No faltará quién diga qué visión tan oscura del amor, pero no es así, el amor es el amor y punto, el amor es como la muerte, cuando te toca aunque te quites, cuando no aunque no te quites. No por nada cupido lleva una flecha y no es casualidad que te la plante hasta el fondo en el corazón y te lo atraviese, por algo el mes del amor es el mes que menos tiempo dura, -te prometo una cosa, acordarme de vos en el último instante para que sea aún más amargo, decía Julio Cortázar. Por la misma línea iba Arthur Schopenhauer: “ Un enamorado lo mismo puede llegar a ser cómico que trágico”. No importa qué piense yo o qué pienses tú del amor, poco importa eso, nada es seguro y no hay garantías de nada, excepto (y como decía Gustavo Adolfo Bécquer ) de una cosa: “podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”.

 

Psicología de Alta Consciencia

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